Esa riqueza verbal escondida en la mente de cada nativo de las diferentes etnias vale mas que cualquer metal precioso, es como viajar en una atmosfera vacia pero a la vez llena de acontecimientos curiosos y muy interesantes, entrar en un momento de extasis y experimentar la sensacion de narrar una historia de terror bajo el calor de una fogata en medio de la selva oscura a tal punto de sentir tal relato tan real como si lo vivieras en ese instante.
A continuacion les hare entrega de algunas recopilaciones de las leyendas mas conocidas de nuestra selva peruana. Con su lectura podran comprobar el interesante repertorio tan variado de nuestra selva:
El Ayaymama
Cuenta la
leyenda que una epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa.
Que la madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la
enfermedad, quiso salvar del mal a sus pequeños y entonces los llevó al monte,
muy lejos y los dejó en ese lugar. Cerca de una linda quebrada, abundante en
peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería
a ver más. Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero
ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda pero
se perdieron en el monte.
Asustados, llorando de pena decían
cómo no ser aves para poder volar donde mamá. Y el dueño del monte tuvo pena y
los convirtió en avecitas y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo
vieron que ya nadie vivía, todos habían muerto. Desde entonces no dejan de
volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a
su madre, hacen oír su canto lastimero ayaymamá... ayaymamá...
EL bufeo colorado
Al delfín
rosado del Amazonas la gente lo llama, simplemente, bufeo colorado y así lo
distinguen de sus otros hermanos que son de color gris. La leyenda de que el
bufeo, como ser o duende “encantado” que es, puede transformarse en un hombre
“gringo” al que le gustan las mujeres jóvenes y bas. Así, con esa apariencia,
suele presentarse a la fiesta en la que participa la chica elegida. Como
viajero de paso, baila y enamora a la muchacha, invita a beber a todos los
participantes y así se gana la simpatía general. Pero él no come ni menos bebe
licor, porque si se emborracha, se rompería el encantamiento y se descubriría
quién es. Cuando la muchacha ya es la enamorada del bufeo, él la colma de
regalos y atenciones. La visita siempre por las noches y se marcha antes del
amanecer. Así poco tiempo, la mujer enamorada empieza a mostrar una conducta
extraña, porque quiere permanecer todo el tiempo junto al río y si ésta
situación no es notada a tiempo por sus familiares y no la mandan a curar a un
buen chaman, puede terminar desapareciendo, ya que en su deseo de estar siempre
junto a su gringo “bufeo” enamorado, terminará arrojándose al río para no salir
jamás.
El Chullachaqui
El chulla
chaqui es el diablo burlón de los bosques de la selva, que suele aparecerse a
la gente en forma de animal o de mismo hombre, para engañarla y llevarla al
fondo de la selva. Sin embargo, cuando se transforma en hombre es fácil
reconocerle, porque el pie izquierdo es como de una criatura recién nacida o
como raíz de árbol o como pata de jaguar, aunque el condenado, procura ocultar
ese pie de cualquier modo. Además, se delata por el fuerte olor a chivo que
despide, y la gente, entonces, ya se halla en guardia: reza y hace cruces con
los dedos o con ramas. Pero son a los niños, generalmente, a los que rapta. A
los niños que se quedan solos en las chacras o que andan así por los caminos.
¿Cómo puede un niño resistir el deseo de adueñarse, por ejemplo de una gallina
blanca con primorosos pollitos, que de pronto se les aparecen y entran en el
bosque?, ¿O de coger un pajarito de bello plumaje que se detiene junto a él y
entra luego en el bosque suavemente cantando?, ¿O de seguir a su padre, madre u
otro pariente (que no son tales sino el diablo convertido en ellos), que de
improviso se les presentan? Ya en el interior del bosque, el Chulla Chaqui
recobra su horrible figura de diablo y cuelga a sus víctimas de los cabellos en
las ramas de los árboles más altos, tirándoles de las orejas, burlándose,
riéndose de ellos.
El Hechizo de la Lupuna
En el pueblo escuchamos hablar de la Lupuna
colorada. y queríamos conocerla, sabíamos que era un árbol frecuentado por
malvados hechiceros. Entonces nos internamos en el bosque por una senda oculta
tapizada por hojarascas húmedas. Ibamos saltando de tronco en tronco para no
pisar las espinas de las ñejillas. Sus finas espinas regadas por todas partes
retardaban nuestra penosa caminata. Encontramos palmeras despojadas de sus
hojas maduras y árboles derramando su savia de llanto como mudos testigos que
mucha gente transitaban esta selva. Serpientes asustadas se deslizaban al
sentir nuestra presencia, Iguanas verdes y camaleones que cambiaban de color,
nos miraban sorprendidos, pero sin atreverse a dar un paso. El calor sofocante
y la humedad del bosque nos hacían sudar a chorros. Y de pronto, debajo de la
sombra del cormiñón frondoso, un alivio intenso con el aire fresco. Después de
horas de andar, avistamos la sobresaliente copa de la Lupuna colorada. Pero, no
estaba tan cerca como pensamos. Tuvimos que caminar unas horas más. Finalmente,
el gigante árbol colorado con su característico tallo ventrudo estaba al frente
de nosotros. Vientre anormal en los árboles. Impresionante barriga, presto a
reventar con su savia si la abundancia se lo permitiera. En la Lupuna colorada
no había nadie, ni vivos ni espíritus. Nos llamó la atención los cortes
perfectos de hábiles bisturíes en su grueso tallo. Al parecer, alguien
desollaba su corteza para extraerle algún misterio. Habíamos escuchado que en
los ratos solitarios y de sepulcral silencio, un brujo experto en atar y desatar
conjuros la visitaba a menudo. Dicen que espera que en el bosque no haya visita
alguna para que prepare, al pie del árbol, su mate espeso con la soga de la
borrachera. Luego, toma un tazón con el brebaje amargo y comienza su rito
acompañado de cánticos nasales. Da vueltas sobre sí siguiendo un círculo
imaginario alrededor de la Lupuna. Hace ademanes con la mano levantada
implorando al árbol que le dé favores. Y de rato en rato, lanza quejidos, como
si se tratara de algún animal herido, y llama la atención, el silbido de
serpiente que emite cuando entra en trance. Cuando el brujo está seguro que la
Lupuna le dará el favor, saca de su bolsa una prenda de la víctima, le dobla
con sumo cuidado, le escupe una flema verdosa, y tambaleante se acerca al vientre
del árbol, y blandiendo su machete le da un corte perfecto que abre la dura
corteza, y en la entraña de la Lupuna esconde la ropa del infortunado que desde
ese momento comienza a tener sus días ya contados. Pronto, el hechizo surte su
efecto, la víctima, hombre o mujer sana, empieza a hincharse, especialmente el
vientre. Y creyendo haber subido de peso, nadie repara en el mal, sino después,
cuando ya no hay remedio para el enfermo. Regresamos impresionados después de
conocer de cerca a la Lupuna colorada, y en el camino nos encontramos con don
Shanti, un brujo conocido. Y después de haber estado en el antro de la maldad,
molesto le dije: - Hola don Shanti, dicen que a cada rato te vas a la Lupuna, a
qué pues te vas? - Me voy a castigar el desamor, la infidelidad, el engaño. Me
estoy yendo a hacerle un trabajito a mi sobrina. A la pobre, su novio le
abandonó el día de su boda. Eso yo no perdono. Para mí es una burla. Acá en la
tierra pagamos nuestros errores y yo les hago pagar a los desgraciados. Después
de haber escuchado su disertación sobre el bien y el mal, y antes que se
moleste, nos despedimos del vengativo brujo.
Escrito por: Gino Hernández Ventura
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